¿Leer el libro de Don Quijote se aprende medicina?

2 meses ago
Pedro Mendoza
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Te sorprendería saber que el médico inglés del siglo XVII Thomas Sydenham aconsejó al poeta y médico real Richard Blackmore que, para aprender medicina, debería leer este libro inmortal. Y esto se debe a que, además de la famosa locura de su protagonista, en sus páginas se encuentran abundantes conocimientos médicos.

El médico Tomás Sydenham (1624 – 1689), apodado “el Hipócrates inglés”, recomendaba leer el Quijote a cuantos quisieran aprender medicina. No en vano su autor, Miguel de Cervantes, era hijo de médico y cirujano e hizo gala de sus conocimientos a lo largo de la novela

Así , en el Quijote, entre otras patologías, describe la litiasis renal («Ciñóse su buena espada que pendía de un tahalí de lobos marinos; que es opinión que muchos años fue enfermo de riñones.»). A la malaria o paludismo hace referencia con la expresión «frío de cuartana». También habla de las lesiones causadas por la viruela («[…] le falta aquel ojo que le saltó de viruelas, y aunque los hoyos del rostro son muchos y grandes […]»). O del «azoguismo» o intoxicación con mercurio (azogue) por contacto o como tratamiento de la sífilis, que producía fuertes temblores.

Son muchas las menciones a catarros y enfermedades respiratorias, trastornos de la alimentación, problemas de salud mental, traumatismos, embarazo y menopausia, etcétera.

Don Quijote de la Mancha, considerada una de las obras más importantes e influyentes de la prosa moderna occidental, contiene muchas referencias de interés para casi todas las especialidades médicas.

En este sentido, en la obra de Miguel de Cervantes se pueden encontrar numerosas referencias a la neurología.

Se describen fenómenos neurológicos dispersos a lo largo de la novela, incluidos temblores, trastornos del sueño, síntomas neuropsiquiátricos, demencia, epilepsia, parálisis, accidente cerebrovascular, síncope, traumatismo craneoencefálico y dolor de cabeza.

Un estudio publicado en 2007 en British Medical Journal relacionó estos síntomas con descripciones de esas condiciones en la literatura médica de la época.

Revisaron las fuentes de información neurológica de Cervantes, incluidas las obras de reconocidos autores españoles como Juan Huarte de San Juan, Dionisio Daza Chacón y Juan Valverde de Amusco, y plantearon la hipótesis de que el trastorno de Don Quijote era en realidad una afección neurológica.

Aunque Cervantes lo escribió hace muchos siglos, Don Quijote contiene muchas referencias a la neurología, y muchas de las ideas y conceptos reflejados en él siguen siendo de interés.

Recordemos que Miguel de Cervantes escribía al mismo tiempo que William Shakespeare. A principios del siglo XVII, España atravesaba un período particularmente oscuro en el que la Inquisición se aseguraba de que no se permitiera la entrada de ideas científicas del resto de Europa. Mientras que en Flandes Vesalius estaba desarrollando nuevos conceptos anatómicos y quirúrgicos, en España los médicos continuaron utilizando técnicas primitivas como purgas, sangrías y paños calientes.

En general, el público se mostró escéptico de la profesión médica y otros escritores contemporáneos escribieron con mucha dureza sobre los médicos.

Cervantes siempre fue justo en este sentido, y elogió la buena práctica de la medicina al mismo tiempo que criticó lo que veía como acciones irresponsables: “Hay médicos que, después de matar a los enfermos que atienden, todavía quieren que se les pague después de su trabajo, que no es otra cosa que firmar una receta para algún medicamento “.

Esta actitud imparcial hacia la profesión, junto con su amplio conocimiento de la medicina, ha dado lugar a varias hipótesis, algunas incluso sugiriendo que Cervantes era médico. Sin embargo, lo que se sabe es que su padre era cirujano barbero y probablemente se esperaba que el joven Cervantes continuara con el oficio de su padre.

Los cirujanos barberos, de menor rango que los médicos, daban enemas, vendían ungüentos y sacaban dientes. Ser testigo de estas prácticas y leer los libros de su padre, combinado con su inmensa habilidad como observador, sin duda contribuyó a sus magistrales descripciones.

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