¿Por qué crecen tanto las ciudades?

Hacia 2050, Nueva York habrá crecido un 18% mientras que Delhi será por lo menos un 100% más grande

¿Por qué crecen tanto las ciudades? El economista del siglo XVIII Jean-Baptiste Say respondió a esta pregunta con su loi des débouchés (“ley de los mercados”), que postulaba que “el aumento de oferta crea su propia demanda”, lo que significa, por ejemplo, que el incremento de la oferta de leche estimulará su consumo porque la leche será abundante y barata. Para ciudades como Delhi, la ley de Say no funciona tan bien, pues el rápido crecimiento de la población crea una demanda de servicios que la municipalidad no puede proporcionar.

 

Una “megalópolis” es consecuencia de un modelo de desarrollo, en el que la división del trabajo, las funciones y las formas se intensifican

Una respuesta más convincente es la que se encuentra en los escritos de Adam Smith. Tal como expone en La riqueza de las naciones (1776), mercados más grandes dispararán la división del trabajo en el proceso productivo. Un ejemplo moderno es que la gran demanda de automóviles baratos sustituyó las carrocerías fabricadas a mano antes de la Primera Guerra Mundial, y en los años veinte perfeccionó las diferentes tareas de la línea de montaje. En relación con Smith, la analogía urbana sería que si se destinan 10.000 personas a un área que anteriormente albergaba a 2.000, hasta las casas deberán adecuarse a la división del trabajo, con apartamentos de distintos tamaños y formas, a la vez que dedicar otros espacios a usos especializados, como aparcamientos cavados bajo jardines, etcétera. En otras palabras, la magnitud engendra complejidad.

Una “megalópolis” es consecuencia de este modelo de desarrollo, en el que la división del trabajo, las funciones y las formas se intensifican a medida que la ciudad se expande. Lo normal es que la expansión esté enmarcada en términos geográficos o regionales. En la actualidad, Pekín está tratando de crear una megalópolis generando una región urbana de centenares de kilómetros, con subciudades conectadas entre sí por un eficiente sistema de transporte.

Una megalópolis no es exactamente lo que Saskia Sassen llama ciudad global. En las ciudades globales, la proximidad entre ciudades dentro de una región metropolitana no importa demasiado. Hay un conjunto de tareas financieras, legales y correspondientes a otros servicios especializados que tiene a su cargo la economía global; estas “funciones globales” se reparten en diferentes ciudades de una red en la que cada ciudad desempeña un papel particular, por lejos que se hallen una de otra.

Entre las ciudades globales hay una enorme conexión física: el buque portacontenedores, que distribuirá el cobre. Los portacontenedores necesitan instalaciones para descargar y transportar a una escala que supera las posibilidades de las dársenas de la era industrial y los almacenes de ciudades como Liverpool, Nueva York y Shanghái, que, más pequeños y entretejidos con la ciudad que los rodea, han quedado en la actualidad reducidos a auténticas reliquias desde el punto de vista funcional.

Como consecuencia de la globalización, la vieja manera de concebir la estructura política ha resultado un tanto anticuada. Esta manera de pensar se asemejaba a las matrioskas rusas, que contienen muñecas de diferentes tamaños unas dentro de otras. En efecto, las comunidades anidaban en ciudades, estas en regiones y las regiones, en naciones. Las ciudades globales ya no “anidan”; por el contrario, están cada vez más separadas de las naciones-Estado a las que pertenecen. La ciudad global representa una red internacional de dinero y de poder, difícil de abordar localmente.

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